7.12.08

hombre segmentado


El hombre colecciona constantemente trozos de la ciudad como si fuera un general que trata de armar el mapa de un imperio enemigo encontrado entre los restos de un botín, ordenando y reordenando los pedazos sobre una mesa inmensa, buscando algún punto débil en las murallas que defienden la capital.

El hombre va por las esquinas de la ciudad, por calles, librerías y cafés solitarios, en los que se sienta a media mañana bebiendo el sol que le llega lejano y tibio. A veces experimenta la sensasión de estar bajo una piscina, rodeado de sonidos sin forma y de reflejos celestes - en una dimensión desconocida, de tiempo lento y de luces oblicuas - y se palpa el bolsillo derecho del pantalón para sentir la llave del cajón inferior de su escritorio, donde ha guardado las estrellas de un cielo nocturno, traficado en secreto a través de aduanas de todo el mundo.

En una caja de madera labrada tiene las viejas armas de su existencia. Las balas de plata, el martillo y las estacas. Pero la caja ha permanecido cerrada y en sombras por mucho tiempo y su recuerdo se adormece con los años. La vieja guerra sigue en alguna parte del mundo, según sabe de cuando en cuando, pero las batallas se le confunden en la memoria y el miedo que se aferraba a la piel bajo un cielo en llamas le parece un sentimiento extraño: algo escuchado de pasada en un mercado o tal vez leído sobre un cartel pegado a una muralla desde la ventana de un bus en marcha.

El hombre va por los días fumándose un cigarrillo a pesar de todo, bebiendo líquidos que despierten el espíritu y pasando páginas de una sonriente irrealidad. Nada profundo. Mientras ordena tazas y platos en el lavavajillas y lava a mano el resto bajo un chorro de agua caliente y espuma de jabón, canta acompañado del estéreo "these mist covered mountains, are a home now for me...", una brisa marina le seca el sudor de la espalda y por unos segundos vuelve a sentir una exactitud geográfica y esa segura vectorialidad que creía perdidas.


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4 comments:

ecce hommo dijo...

Tu post me ha dejado en el paladar un agrio sabor añejo, y me ha recordado ese olor a soledad límite, a mohosa irrealidad apegada a las pautas metódicas que adormecen los sentidos y relajan la funcionalidad optima del ser de las cosas.
En definitiva, buena imagen.
Saludos.

Rey muerto dijo...

es casi la 1.00 y comienzo a leer tu post pero se me embarullan las letras, querido Frank. Así que volveré mañana a leerlo tranquila... O el jueves porque acabo de bostezar que mañana tengo chikung y llego tan relajada que me olvido de si voy o vengo y hasta me olvido de estar y zzzzzzzz... besozzzzzzzzzzzzzzz

S.S. dijo...

será que todos los hombres, de alguna forma, se forman de pedazos que van recolectando por allí y por allá, que guardan aunque no quieran y que alguna vez tal vez sirvan, tal vez no... pero ahi estan.


qué voy a saber yo... pero en definitiva su blog y su trabajo siempre me han causado gran impresion... saludos

Isabel Romana dijo...

Hay en este texto una mezcla de soledad, desesperanza y, al mismo tiempo, de deseos de sobrevivir a la batalla de la pobreza cotidiana. Menos mal que aún tenemos unas notas de música, una canción, algo a lo que agarrarnos mientras sumergimos las manos en el agua. Un beso muy fuerte, querido frank.