21.9.08

domingo


Miyú me despierta temprano meciendo la cama y asegurando que es de urgencia ir afuera, caminar hasta la estación y subir a algún tren.
Trato de escabullirme por los callejones lego de mi sueño pesadilla en una ciudad desconocida, pero ella es inmisericorde y pasea cerca de mis narices una taza de café recién colado.
Son recién las doce del día de un domingo nublado y lluvioso diseñado por los dioses para vivirlo acostado dormido dormitado entre sábanas, con la radio bajito y Paul Mauriat y con una apropiada presencia femenina en la espalda.

Pero las intenciones dominicales divinas no resisten el oleaje de Miyú que corre cortinas y se mete cantando en los jeans que pasaron la noche en el sillón frente a la tele.
Mis protestas tampoco prosperan: los trenes nos esperan para llevarnos a pueblos perdidos, con plazas habitadas por viejos rodeados de gorriones y palomas, y niños jugando la final de la copa mundial en un sitio eriazo, ahí, justo al lado de la municipalidad.

Y volveremos de noche, los cerros oscuros, el mar negro reflejando un poco la luna y un poco las luces de las casas de la costa, habremos comprado un libro viejo, edición de los 50, con unos dibujos 'maravillosos' sobre la crianza de abejas.
El domingo ha pasado, se ha ido montado en una nube con conversaciones de agua. Como siempre, mañana es lunes.

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4 comentarios:

Isabel Romana dijo...

Bellísimo. Y se ve que te gusta Miyú... Besos, querido amigo.

frank h. dijo...

gracias y besos, mujer romana.

Cpunto dijo...

cuanta calidez,

unsologato dijo...

ronronearle a este texto...por los domingos que circulan en luz...

bravo che!!!

saludísimo félido