15.7.09

Ni Superman


Lo recuerdo con toda claridad: fue uno de esos días en que no hay a quien culpar - no a los políticos, no a las tormentas ni a los terremotos, no a los comunistas de Mao y ni siquiera a la CIA. Punto. The game is over, gentlemen!
Fue uno de esos días de revelación - esos en que te das una rápida mirada en el espejo de la vida, escupes el chicle, agarras lo que tienes a mano y sales a pelearla.

No porque quieras, si no porque no tienes otra salida: eres un mísero conejillo de laboratorio de los dioses y ya no sacas nada con alegar por las injusticias o con pedir otra oportunidad porque "no estabas preparado y nadie te avisó".
Esas cosas, mi amigo, en los días así le interesan un pucho a nadie - incluso la Madre Teresa te daría un par de bofetadas y Mahatma Ghandi te empujaría al precipicio si anda falto de raciones, me entiendes?

Los marcianos nos cayeron como diluvio un domingo después de almuerzo cuando todos se preparaban para ver por la tele el partido final del Mundial entre Brasil y la Toyota (recuerden que la Toyota compró en el 2075 un país antes conocido como Colombia y se instaló allí, siendo inmediatamente reconocida como miembro por la FIFA).

Yo no veo futbol desde que se permitió la inclusión de robots en los partidos, así es que esa tarde la paso durmiendo y leyendo unos libros que un poeta escribió estando en la isla de Juan Fernández.

Es casi de noche cuando Jenny me llama desde el dormitorio - apago el cigarrillo, abro la puerta del balcón y me meto a la casa dispuesto a dejar en alto las acciones de la multinacional varonil - pero, desilución, mi presencia no es requerida para calmar ningún azote hormonal femenino, si no para que vea las noticias.

Al principio creemos que es una broma de algún pelota émulo de Orson Welles, pero empezamos a preocuparnos cuando pasamos por el canal japonés y vemos gente corriendo en todas direcciones, despavorida, sin ningún Godzila a la vista.

Le digo a Jenny que se vista (algo que jamás le diría a una mujer en circunstancias normales).
Yo estoy estoy llenando a la rápida una mochila y Jenny poniéndose el sostén sobre sus adoradas gomitas cuando anuncian que Superman ha muerto, acribillado por los invasores con balas de kriptonita... mierda, la cosa se pone negra!

Escuchamos los primeros gritos en nuestra calle.
- Mi amor, moriremos juntos! - me dice Jenny, y yo que hago el piedra:
- No le arrugo a unos marcianos hijoputas!

Salimos por la puerta trasera al callejón de la basura, abrimos la tapa del desague de la esquina y bajamos a las catacumbas de la ciudad. Cerramos bien, detrás nuestro.

(ilustación - Frank H.)
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3 comentarios:

Ana dijo...

Me encanta tu blog, lo he puesto en mi lista de favoritos.
Queria decirte que estoy sorteando 3 calendarios en mi blog. Saludos, Ana

Frank H. dijo...

gracias Ana!
ahora voy saliendo - a la noche te visito - gracias, de nuevo!

Xi dijo...

Cuidado con los alienígenas.

Dicen que son hostiles: creen en la igualdad y desprecian el mercado.

Hay que huir.

(Yo me quedo)

Beso cronopio.