6.4.10

roofies

"good times are comin', I hear it everywhere I go, 
good times are comin', but they sure comin' slow"
                           - Neil Young in "Vampire Blues"


Casi siempre que subimos a fumar al techo viene algún angel a darnos cháchara - que esto, que lo otro.
Cruzan la capa de dióxido de carbón y se nos aparecen en el techo, tiznados, con las plumas negras y  hasta tosiendo. Débora opina que se aburren y, ansiosos, bajan a paladear algo de 'action'.
Las primeras veces nos daba un susto de la gran puta cuando de pronto escuchábamos aleteos y voces con eco de origen desconocido.

Eso no sería un gran problema. El problema real es otro. En verano, cuando el microclima de nuestro piso es una masa caliente y pegajosa, nos vamos al techo: bajo las estrellas, donde la noche comparte algo de brisa. Y allí es cuando estos bicharracos alados nos han pillado, en más de una oportunidad, a la Débora y a mí no sólo fumando, ustedes entienden.
Claro, esas veces la mayoría de ellos se hacen los locos y se alejan aleteando, pero otros carraspean, se hacen notar, se quedan y, claro, nos cagan la onda íntima medio a medio.

La que más se tuesta con estos plumíferos es la Débora. Pues a la Débora esto de los polvos no le va fácil - le cuesta acelerar como se dice. Tales delaciones eran un tensionante problema en el departamento erótico de nuestra relación hasta que descubrimos de casualidad, que la altura - el techo - le encabrita las hormonas y la predispone aceleradamente - y de manera natural - a algunas jugarretas bien entretenidas antes de irnos a dormir.

Así fue como el techo se convirtió en nuestro secreto nido de amor, estábamos más que contentos con nuestro descubrimiento sexo-topográfico y todo iba a mil por ciento. Hasta que estos ángeles hijoputas nos cacharon aquí arriba y convirtieron a nuestro amado techo en sofá freudiano angelical y les dió por aparecerse todas las noches en misión de plática.
Queda claro que a mí me importan una cucaracha los problemas espirituales y las depres de estos bichos alados y a la Débora menos. Así que ayer nos decidimos.

Y ahora, aquí estamos tras el parapeto del techo esperando que aparezca el primero. Esto no puede seguir así. Débora tiene una AK-47 y cinco cargadores llenos, yo me quedé con la Kalachnikov y tres cargadores.

Hace unos cinco minutos atrás, la Débora puso la AK a un lado y me agarró a besos - ya ven, esto del techo realmente resulta - pero de pronto se quedó inmóvil y susurró: "Shhh, escucho algo".
Sí, era un aleteo.
Dejamos de besarnos y agarramos los fierros.


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2 comentarios:

Nadia dijo...

Qué malos... me gustó este escrito Frank, gracias x visitarme y aunque no comente, quiero q sepas q te leo.
Cariños,

Frank H. dijo...

gracias, Nadia - Felicidades!