6.7.10

el estudio de cerámica


Es un camino secundario, de esos que uno toma por error. Va por entre campos labrados, caballerizas y plantaciones de choclos que llegan hasta el borde mismo de la ruta.
Es el mundo verde del verano: las lejanías difusas por el calor y nubes blancas solitarias que apenas se mueven sobre la pizarra azul del cielo. Hay pájaros, ardillas, mariposas y con suerte podrás ver un ciervo entre el matorral, mordisqueando los pastos.

En ese trayecto silencioso y quieto está el estudio de cerámica. No puedo decirte exactamente en qué kilómetro, no puedo indicarte el punto exacto en un mapa, pero ahí está. En vez de tomar la carretera de alta velocidad, agarra la pista aledaña en la salida 5 y viajas derecho, sin salirte de ella. No puedes no ver la casa blanca con marcos azules, el letrero y el jardín. Es allí.

Lo trabaja un viejo y su aprendiz, una chica rubia y sonriente, con la nariz y las mejillas llenas de pecas. Dále a cualquiera de ellos este pedazo de plato y díles que quiero uno igual. Si ya no los hacen más encárgales uno en especial. No quiero otro, debe ser el mismo que tenía. Sólo quiero que vuelva a mí ese mismo plato de cerámica arenisca, con las mismas hojas infantiles en los bordes y los girasoles en el centro.

Deseo nuevamente sentir su tacto y su peso frágil. Que sus colores iluminen nuevamente mi casa. No vuelvas diciéndome, como los demás, que no has podido hallar el estudio.


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2 comentarios:

TR dijo...

Con la excelente descripción que has dado del lugar, hasta creo que yo llegaria. Muy bueno.
Un abrazo.

Frank H. dijo...

espero el plato...

:-)