20.5.13

la tabla de surfing de cristal astillado

A veces a las doce de la noche la vida estalla en mil millones de pedazos caóticos, como si fuera un cristal atravesado por una bala. No es un estallido imponente, con trozos girando en cámara lenta y brillando a la luz de la luna o bajo luces de marquesina - es interno, es una explosión sorda y mutilada, como la tos de un genio viejo y cansado, que nos llega enmudecida desde el fondo de una lámpara de aceite.

La explosión es invisible a los ojos del mundo, pero es tan palpable como una piedra en el zapato o un trocito de hueso en el estofado.

Cuando la vida nos explota en mil milones de pedazos a las doce de la noche nos convertimos en surfistas de la vida. Después del shock inicial, tratamos de mantener el equilibrio sobre uno de esos pequeños trozos de cristal irregulares, lanzados al espacio a toda velocidad por una fuerza mayor que no eres capaz de controlar o entender.

Y somos surfistas amateurs, no tenemos el debido entrenamiento ni la preparación adecuada. Lo único que podemos intentar es no hacer el ridículo. Poniendo toda la energía en una sola meta: mantenerse en pie lo mejor posible.

En eso vamos todos. Y dependemos sólo de la suerte. De que una nueva bala no astille aún más nuestra tabla de surfista aficionado, de que la próxima ola no sea monstruosa, de que uno no pierda totalmente las ganas de mantener el equilibrio.

¿Cabe alguien más sobre esa tabla de surfing de cristal astillado?
No. Vamos solos. Esa parece ser la regla principal del juego. 

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